30. aprile 2009
El multidisciplinar artista austríaco a logrado conformar una obra mayor, en donde la ética y la estética no apelan únicamente a una conciencia histórica sino que también ha logrado superar sus propias fronteras discursivas para alcanzar valores permanentes; temas universales reiterados en una constante pregunta lanzada hacia el futuro a través de los innumerables rostros de los ángeles caídos en desgracia, símbolos del porvenir de la humanidad; los últimos bastiones de esperanza cifrada en los rostros de las eternas víctimas… los niños. Ante eso, la propuesta de Helnwein, de pretensiones altamente explícitas, irrumpen en espacios inesperados como verdaderos espasmos lacerantes para sus espectadores. La versatilidad de sus recursos expresivos (fotografía, técnica mixta sobre lienzo, autoretratos, acuarelas, instalaciones, performance, teatro, cine, etc.), lo ha hecho notoriamente visible a los ojos de la censura de los sectores más conservadores. Sin embargo, H. constantemente apela a aquellas imágenes que no hay que olvidar; las imágenes de un imaginario alimentado por su paisaje de infancia, que fue el paisaje apocalíptico del sombrío y triste proceso de restauración, un mundo sin sonrisas poderosamente enraizado en el afán de olvido de todo aquello que se soslaya, por pudor, culpa y miedo al reconocimiento sorpresivo de las verdades de las cuales el hombre sabe que esta infectado; la manifestación interna de la corrupción, el bullir sin límites del odio.
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